sin ciencia no hay futuro

¿CÓMO RECONOCER A UN AUTÓCRATA?

Publicado: 2020-07-13

En el libro “Cómo Mueren las Democracias”, los autores Levitsky y Ziblatt afirman que para poder mantener a raya a las personas autoritarias, en primer lugar hay que saber reconocerlas. Por desgracia, no existe ningún sistema de alerta anticipada infalible Muchas personas autoritarias pueden ser identificadas fácilmente antes de llegar al poder. Su historial no dejar lugar a dudas: Hitler había liderado un push fallido; Chávez había encabezado un alzamiento militar que concluyó en fracaso; los “camisas negras” de Mussolini perpetraban violencia paramilitar; y, en la Argentina de mediados del siglo XX, Juan Perón ayudó a dar un golpe de Estado fructífero dos años y medio antes de postularse como presidente del país, nos recuerdan ambos autores.  

Pero, ¿Cómo se identifica entonces el autócrata en política que no tiene un historial antidemocrático evidente? Para responder esa pregunta, ambos autores, se remiten a la obra de Juan Linz “La quiebra de las democracias”, publicada en 1978, en la que se recalca la función de los políticos y demuestra que su actitud puede apuntalar la democracia o hacerla tambalearse.

A partir de la obra de Linz, los autores presentan un conjunto de cuatro señales de advertencia conductuales que pueden ayudarnos a identificar a una persona autoritaria cuando la tenemos delante. Así, los autores señalan que deberíamos preocuparnos en serio cuando un político: 1) Rechaza, ya sea de palabra o mediante acciones, las reglas democráticas del juego; 2) Niega la legitimidad de sus oponentes; 3) Tolera o alienta la violencia; o 4) Indica su voluntad de restringir las libertades civiles de sus opositores, incluidos los medios de comunicación.

Sobre lo primero, los autores formulan las siguientes preguntas para identificar a un autócrata: ¿Rechaza la Constitución o expresan su voluntad de no acatarla? ¿Sugieren la necesidad de adoptar medidas antidemocráticas, como cancelar elecciones, incumplir o suspender la Constitución, prohibir determinadas organizaciones o restringir los derechos políticos o civiles básicos? ¿Pretende usar (o aprueban el uso de) medidas extra constitucionales para cambiar el Gobierno, como golpes militares, insurrecciones violentas o manifestaciones masivas destinadas a forzar un cambio en el Gobierno? ¿Intentan socavar la legitimidad de las elecciones, por ejemplo negándose a aceptar unos resultados electorales creíbles?

Sobre lo segundo, los autores formulan las siguientes preguntas para identificar a un autócrata: ¿Describen a sus rivales como subversivos o contrarios al orden constitucional establecido? ¿Afirman que sus rivales constituyen una amenaza existencial, ya sea para la seguridad nacional o para el modelo de vida imperante? ¿Describen sin argumentos a sus rivales de otros partidos como delincuentes cuyo supuesto incumplimiento de la ley (o potencial para incumplirla) los descalifica para participar de manera plena en la esfera política? ¿Sugieren de manera infundada que sus rivales son espías extranjeros que trabajan secretamente en alianza con (o su sueldo de) un Gobierno foráneo normalmente de un país enemigo?

Sobre lo tercero, los autores formulan las siguientes preguntas para identificar a un autócrata: ¿Tiene lazos con bandas armadas con fuerzas paramilitares, con milicias, guerrillas u otras organizaciones violentas ilegales? ¿Han patrocinado ellos mismos o sus aliados de partido linchamientos a adversarios? ¿Han apoyado de manera tácita la violencia de sus partidarios negándose a condenarla y penalizarla sin ambigüedades? ¿Han elogiado (o se han negado a condenar) otros actos destacados de violencia política, tanto pasados como acontecidos en otros lugares del mundo?

Sobre lo cuarto, los autores formulan las siguientes preguntas para identificar a un autócrata: ¿Han apoyado leyes o políticas que restringen las libertades civiles, como ampliar las leyes por libelo o difamación o aprobar leyes que limitan el derecho de manifestación, las críticas al Gobierno o determinadas organizaciones civiles o políticas? ¿Han amenazado con adoptar medidas legales u otras acciones contra personas críticas pertenecientes a partidos de la oposición, la sociedad civil o los medios de comunicación? ¿Han elogiado medidas represivas adoptadas por otros Gobiernos, ya sea en el pasado o en otros lugares del mundo?

Entonces, según lo exponen los autores, un político que cumpla siquiera uno de estos criterios es causa de preocupación. Pero ¿Quiénes son los candidatos que suelen dar positivo en esta prueba para detectar el autoritarismo? Para ambos autores, con frecuencia, los candidatos que suelen dar positivo en este test son los candidatos populistas externos al sistema. Los populistas, refieren los autores, suelen ser políticos antisistema, figuras que afirman representar la voz del “pueblo” y que libran una guerra contra lo que describen como una élite corrupta y conspiradora. Los populistas, advierte los autores, tienden a negar la legitimidad de los partidos establecidos, a quienes atacan tildándolos de antidemocráticos o incluso de antipatrióticos.

Asimismo, los autores nos recuerdan que son los populistas quienes les dicen a los votantes que el sistema existente en realidad no es una democracia, sino que ésta ha sido secuestrada, está corrupta o manipulada por la élite. Y les prometen enterrar a esa élite y reintegrar el poder “al pueblo”. Este discurso, para los autores, debe tomarse en serio, porque cuando los líderes populistas ganan las elecciones, suelen asaltar las instituciones democráticas. En Latinoamérica, refieren los autores, de los quince presidentes elegidos en Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela entre 1990 y 2012, cinco eran populistas advenedizos: Alberto Fujimori, Hugo Chávez, Evo Morales, Lucio Gutiérrez y Rafael Correa. Y los cinco, recuerdan los autores, acabaron debilitando las instituciones democráticas.

Ahora bien, a pesar de lo que las “imágenes” puedan mostrar, los autores nos advierten que mantener a los políticos autoritarios al margen del poder es más fácil decir que hacer. Al fin y al cabo, dicen los autores, se supone que en las democracias no se ilegalizan partidos ni se prohíbe candidatos a postularse a las elecciones (opinión que yo también comparto). Por tanto la responsabilidad de identificar a las personas autoritarias y dejarlas fuera recae más bien en los partidos políticos y en sus líderes, quienes deben ser vistos (nos guste o no) como los verdaderos guardianes de la democracia, quienes deben aislar y derrotar a las fuerzas extremistas, un comportamiento que la politóloga Nancy Bermeo denomina “distanciamiento”.

Entonces, teniendo en cuenta que el Presidente de la República, mediante Decreto Supremo N° 122-2020-PCM, publicado en el diario oficial El Peruano el pasado 8 de julio de 2020, convocó a Elecciones Generales para el domingo 11 de abril de 2020, y en caso ninguno de los candidatos a la Presidencia y Vicepresidencias de la República obtuviese más de la mitad de los votos válidos, se programó la segunda elección entre los dos candidatos que hubiesen obtenido la votación más alta, para el día domingo 6 de junio de 2021, sería importante que los electores sometan a los candidatos al test propuesto para evitarnos la ingrata sorpresa de elegir a un “supuesto demócrata” que termine convirtiéndose en un populista autoritario (de derecha o izquierda, no importa) que atente contra las instituciones democráticas.

Nota: este artículo fue publicado en el blog "El Poder del Voto", que aparece en "La Ley. El Ángulo Legal de la Noticia": https://laley.pe/art/9924/como-reconocer-a-un-autocrata



Escrito por

Rafael Rodríguez Campos

Autor del Libro "Ideario Republicano". Escribe sobre temas de actualidad constitucional y política.


Publicado en