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Roth, el genio literario que se quedó sin Nobel

Publicado: 2018-05-28

El martes 22 de mayo de 2018, a la edad de 85 años, Philip Roth nos dejó. Sí, ese Roth al que críticos literarios de talla mundial como Harold Bloom consideró como uno de los cuatro escritores norteamericanos vivos más importantes junto con Cormac McCarthy, Thomnas Pynchon y Don DeLillo. Pero qué importan lo que digan los críticos, si para los humildes lectores como el que ahora escribe, Roth era indiscutiblemente el escritor norteamericano más importante de la segunda mitad del siglo XX.  

Roth se fue sin recibir el Premio Nobel. Pero qué más da, si fue el Nobel el que se quedó sin Roth. Porque los que hemos seguido la obra de Roth tenemos claro que desde hace algunos años, yo diría que desde 2010, por lo menos, Roth era el escritor que mayores méritos había hecho para recibir este premio. ¿Por qué Roth no fue reconocido con este galardón? Es una pregunta que ningún especialista literario podrá responder racionalmente. Digo ninguno, porque objetivamente no existía motivo alguno para negarle el Nobel a uno de los más grandes de la literatura contemporánea como Roth.

Roth, por tanto, ingresa con su muerte al club de extraordinarios escritores a los que la Academia Sueca, ya sea por sus intereses, prejuicios o sesgos, condenó en vida a no ser otra cosa que el eterno nominado a recibir el Nobel. Porque ese fue Roth, el candidato que siempre tuvo el respaldo mayoritario de la crítica para llevarse el Premio, pero al que la Academia Sueca jamás estuvo dispuesta a premiar concediéndole este galardón.

Sobre este punto, es necesario señalar que si uno compara la obra de Roth con la de los últimos premiados, salvo se trate de un familiar de alguno de ellos, estoy seguro que todos considerarán que su obra estaba muy por encima de la producción de Tomas Tranströmer (2011), Mo Yan (2012), Alice Munro (2013), Patrick Modiano (2014) Svetlana Aleksiévich (2015) y Kazuo Ishiguro (2017).

¿Pero qué paso en 2016? Es verdad, lo olvidaba, en 2016 los miembros de la Academia Sueca prefirieron entregarle el Nobel de Literatura al músico Bob Dylan: “por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición estadounidense de la canción”, fue la absurda explicación que la Academia Sueca ofreció para justificar porqué en 2016, luego que desde 1901 reconocieran la obra de escritores, eligieron a un músico, seguramente extraordinario, en lugar de un genio de las letras como Roth, convertido, como ya lo dijimos, en el más grande de la segunda mitad del siglo XX en Norteamérica.

Reitero, no fue Roth el que se quedó sin Nobel, fue el Nobel el que se quedó sin Roth. Lo mismo que le ocurrió a otros inmortales de la literatura como Tolstoi, Proust, Joyce, Borges o Murakami, también le ocurriría a Roth. Como para demostrarnos que la Academia Sueca, en más de una oportunidad, juzgó la obra literaria de los escritores con las anteojeras ideológicas de aquellos que creen que el Nobel está reservado únicamente para los que además de ser muy buenos escritores, son también “hombres públicos políticamente correctos”. Porque vamos, seamos claros, a Borges no le otorgaron el Nobel por su postura crítica frente a la democracia, y por su forma, unas veces más explícita que otras, de justificar el accionar de los gobiernos autoritarios.

Pero si bien la vida física de Roth se acabó en 2018, debido, a una insuficiencia cardiaca congestiva, como lo anunció su agente literario Andre Wilye, es oportuno recordar que la vida literaria de Roth, me refiero específicamente a su producción artística, llegó a su fin en 2012, dos años después de publicarse su novela Némesis. Así como lo leen, en 2012, luego de haber escrito más de 30 novelas, Roth decidió retirarse, no sin antes reconocer que por muchos años la escritura lo había ayudado a mantenerse lejos de la depresión, pero que sentía que su vida como escritor había llegado a su final, porque ya no había nada más para que escribiera, así lo declaró en una entrevista concedida a la BBC en 2014. Es más, en esa entrevista también dijo lo siguiente: “Comencé la gran labor de no hacer nada. La pasé muy bien”.

Ahora bien, y porque la mejor manera de recordar a un genio literario es atesorando sus obras, me permitiré -con la humildad que sólo puede tener un aficionado a la literatura- recomendar la lectura de 6 de sus grandes obras. No lo haré en el orden cronológico de publicación, sino respetando mi propia línea de tiempo, es decir, comenzaré por el primer libro que leí de Roth (Pastoral Americana, 1997) y finalizaré con el último (Némesis, 2010).

Para muchos de sus críticos, el periodo más fructífero de la carrera literaria de Roth había arrancado con la publicación de Operación Shylock (1993) y siguió con El teatro de Sabbath (1995). Sin embargo, su obra sólo alcanzará la universalidad con la publicación de su trilogía compuesta por Pastoral Americana (1997), que narra la vida de un deportista cuya tragedia se inicia cuando su hija se convierte en una terrorista. Luego, tenemos Me casé con un comunista (1998), que tiene como telón de fondo la época de McCarthy. Y finaliza con La Mancha Humana (2001), en donde se analiza con agudeza la situación política de los Estados Unidos durante la década de los noventa.

A estas tres novelas, debo sumar, en primer lugar, El lamento de Portnoy (1969), que es un monólogo sobre las obsesiones onanistas del joven judío Alexander Portnoy, la relación con la madre y sus problemas con las mujeres durante la década del cuarenta en Nueva Jersey.

En segundo lugar, y como no podía ser de otra manera, debo mencionar La conjura contra América (2004), que trata de responder una pregunta provocadora: ¿Qué hubiera pasado si en las elecciones de Estados Unidos un candidato neonazi como el republicado aviador Lindbergh, le hubiera ganado al mítico Roosevelt? Esta fue considerada la mejor novela por la sociedad de historiadores de Norteamérica. Tremendo honor para Roth.

Por último, debo mencionar a Némesis (2010), coincidentemente su última novela, cuyo tema es la epidemia de polio que afectó Estados Unidos, y el impacto que tuvo en la comunidad judía de Newark, ciudad en la que nació Roth. Según algunos especialistas, en esta novela Roth retoma un viejo tema, el de la peste, también presente en la obra de autores como Defoe y Camus, aunque el trasfondo, en este caso, son las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial.

Finalizo diciendo lo siguiente: los genios de la literatura como Roth jamás morirán, y no lo harán porque sus lectores, a pesar del tiempo y las circunstancias, los seguiremos leyendo, estudiando y venerando. ¡Larga vida, Philip Roth!


Escrito por

Rafael Rodríguez

Estudia, lee, investiga, enseña y escribe sobre Derecho Constitucional, Ciencia Política y Derechos Humanos.


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