reconoce sus orígenes

LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO: MUY BIEN POR LAS MUJERES CHILENAS

Publicado: 2017-08-07

“Hoy las mujeres recuperamos un derecho básico que nunca debimos perder: decidir cuando vivimos momentos de dolor”, fue la frase escrita en Twitter por la presidenta de Chile Michelle Bachelet luego de que el Congreso aprobara el emblemático e histórico proyecto de ley que despenaliza del aborto para los siguientes casos: 1) Cuando la vida de la madre esté en peligro; 2) Cuando un feto es inviable; y 3) Cuando el embarazo es resultado de una violación.  

Como se recuerda, en Chile desde 1931 estaban legalizados algunos tipos de aborto. Sin embargo, seis meses antes de que terminara la dictadura de Pinochet, específicamente en setiembre de 1989, el régimen, con el apoyo de la Iglesia Católica y de grupos ultraconservadores, decretó que “no podría ejecutarse ninguna acción cuyo fin sea provocar un aborto”. Con lo cual, Chile llegó a ser uno de los siete países en el mundo donde el aborto era ilegal en todos los casos. No obstante la existencia de esta prohibición legal, los medios chilenos señalan que en su país se estima que los abortos clandestinos superan los 160 000 cada año.

Al respecto, y con la finalidad de reconocer el derecho de las mujeres a decidir voluntariamente sobre la interrupción del embarazo -solo en estos casos-, la entonces candidata presidencial Michelle Bachelet se comprometió a presentar un proyecto de ley para despenalizar el aborto. Fue así como en mayo de 2014, a escasos dos meses de iniciar su segundo periodo de gobierno, anunció la públicamente la presentación de dicha iniciativa, para luego, en febrero de 2015, remitirla al Parlamento para su debate y aprobación correspondiente.

Luego, en marzo de 2016, en un primer trámite ante la Cámara de Diputados, se logró aprobar el proyecto de ley que despenaliza estos tres tipos de aborto. No obstante ello, hace dos semanas, y debido al voto opositor de un parlamentario democristiano que evidenció las divergencias existentes entre las Cámaras, la iniciativa pasó a ser analizada por una Comisión Mixta que se encargaría de elaborar un informe, el mismo que se sometería al voto de la Cámara de Senadores. Finalmente, y luego de un periodo de discusión de casi dos años, el Senado respaldó -con 22 votos a favor y 13 en contra- el informe de la referida Comisión que dirimió y respaldó el proyecto de ley.

Ahora bien, es importante destacar que el tema que mayor polémica generó entre oficialistas y opositores fue el caso del aborto por violación. Sobre el particular, resulta oportuno señalar lo siguiente:

- En el caso de violación (a una mayor de edad), la mujer podrá acceder al aborto solo hasta las 12 semanas de gestación.

- En el caso de una mujer menor de 14 años, la interrupción del embarazo podrá realizarse solo hasta las 14 semanas de gestación.

- Si en caso la mujer menor de edad es violada por su padre, un representante legal o un juez, según corresponda, deberá autorizar la interrupción del embarazo.

- Si la mujer menor de edad tiene entre 14 y 18 años, su voluntad debe ser informada a su representante legal o a un adulto familiar.

- En todos los casos, las pacientes podrán acceder a un programa de acompañamiento, mediante el cual recibirán atención psicosocial y accederán a redes de apoyo, antes y después de la interrupción del embarazo.

Como ya lo he señalado, la aprobación de este proyecto de ley ha sido el resultado de un debate largo y complejo que tuvo como principal opositor a “Chile Vamos”, la coalición de partidos de derecha conservadora compuesta por la Unión Democrática Independiente, Renovación Nacional, Evolución Política, Partido Regionalista Independiente, y otros movimientos religiosos como Evangélicos en Acción, que votó en bloque en contra de la despenalización del aborto.  

Para la derecha conservadora, representada por “Chile Vamos”, el proyecto de ley que despenaliza el aborto viola la Constitución Política ya que esta consagra y protege el derecho a la vida del que está por nacer. En otras palabras, para este sector, del que también forman parte grupos católicos y evangélicos, la mujer “nunca y bajo ninguna circunstancia debería tener el derecho a interrumpir su embarazo”, ni siquiera en los tres supuestos antes referidos: 1) Cuando la vida de la madre esté en peligro; 2) Cuando un feto es inviable; y 3) Cuando el embarazo es resultado de una violación.

En ese sentido, no sorprende que habiendo perdido la votación en ambas cámaras del Congreso, los parlamentarios de la derecha conservadora hayan presentado un requerimiento para que el Tribunal Constitucional (compuesto por 10 jueces) se pronuncie sobre esta materia, postergando, eso es lo que el oficialismo ha señalado, la promulgación final de la ley, a pesar de que los sondeos de opinión realizados señalan que el 70% de los chilenos está a favor de la despenalización del aborto para estos tres casos.

Entonces, y a pesar de que la promulgación de la Ley dependerá finalmente del pronunciamiento favorable del Tribunal Constitucional, es justo señalar que su aprobación en el Congreso representa una histórica victoria para Michelle Bachelet y para los partidos políticos que formaron parte de la “Concertación de Partidos por la Democracia”, la coalición de partidos de centro e izquierda, formada luego de la caída de la dictadura de Pinochet, que actualmente forman parte del conglomerado “Nueva Mayoría”, que incluye al Partido Comunista y el Movimiento Amplio Social, entre otros.

Asimismo, es importante destacar el liderazgo de Michelle Bachelet en esta materia. Es más, como lo reconocen los medios chilenos, ha sido la convicción con la que la presidenta defendió esta propuesta –desde la campaña electoral- uno de los factores que terminó inclinando la balanza a su favor en el terreno de la opinión pública. Michelle Bachelet le prometió al electorado que este proyecto de ley se aprobaría en el Parlamento y cumplió.

Finalmente, y más allá del tema abordado en esta columna, lo que este proceso demuestra -una vez más- es que en una región como Latinoamérica, en la que las Constituciones Políticas han creado el denominado “Hiper-Presidencialismo”, para usar el término acuñado por Carlos Santiago Nino, la viabilidad y el éxito de las grandes reformas -en cualquier terreno de la política- dependen directamente del liderazgo del Presidente y de la capacidad que este tenga para articular esfuerzos con el Parlamento y para conseguir el respaldo de la ciudadanía. Esto es algo en lo que Michelle Bachelet se ha comportado como una verdadera estadista. Esta es una lección que en el Perú deberíamos aprender -sobre todo nuestros políticos de turno- si es que acaso todavía tienen la intención de impulsar alguna reforma importante.

• Abogado PUCP. Post Grado y estudios de Maestría en Ciencia Política y Gobierno PUCP. Especialista en Justicia Constitucional, Interpretación y Aplicación de la Constitución por la Universidad Castilla de la Mancha (Toledo-España). Candidato a Máster en Derecho Constitucional en la Universidad Castilla de la Mancha (Toledo-España). Es profesor de Ciencia Política e Historia de las Ideas Políticas en la Facultad de Derecho de la Universidad San Martín de Porres.


Escrito por

Rafael Rodríguez

Estudia, lee, investiga, enseña y escribe sobre Derecho Constitucional, Ciencia Política y Derechos Humanos.


Publicado en