QEPD Wilindoro Cacique

HOMENAJE AL MAESTRO HENRY PEASE GARCÍA (Primera Parte)

Publicado: 2017-03-27

Hace algunos meses, el sociólogo Carlos Rivera, editor del libro “Henry Pease García. La justicia de las Ideas”, tuvo la generosidad de invitarme a participar en este proyecto y colaborar con la redacción de un artículo sobre el pensamiento, la vida y la obra del maestro.  

Como no podía ser de otra manera, yo acepté gustosamente, no sólo por el gran cariño y profundo respeto personal, académico y profesional que guardo por el maestro, sino por la oportunidad de publicar junto a destacados intelectuales de nuestro país como Salomón Lerner Febres, Nelson Manrique Gálvez, Wilfredo Ardito Vega, Gonzalo Gamio Gheri, Eduardo Dargent Bocanegra, entre otros.

Fue así como mi artículo titulado “El profesor Henry Pease. Nuestra última conversación”, escrito cinco días después del fallecimiento del maestro, llegó a formar parte de esta obra, cuya publicación no hubiese sido posible sin el notable esfuerzo editorial de Carlos Rivera y Mario Berrios, ambos sociólogos de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa.

Al respecto, considero necesario, teniendo en cuenta las horas aciagas por las que atraviesa nuestro país, recordar al maestro como una persona que amo profundamente al Perú y a su gente, y por ello a continuación reproduciré el referido artículo:

He leído en los últimos días decenas de artículos vinculados al sensible fallecimiento del profesor Henry Pease. En todos ellos se hace mención a la destacada trayectoria política y académica que él, a lo largo de sus 69 años de vida, supo construir. Por tal motivo, sería ocioso de mi parte escribir -una nota más- sobre los ríos de tinta que ya se encargaron de subrayar los méritos profesionales y logros intelectuales del profesor Pease.

La gente, el común denominador de los peruanos, conoce tan solo la faceta pública del profesor Pease, el lado político de este demócrata de izquierda que fue Senador, Presidente del Congreso y Candidato a la Presidencia de la República. Sin embargo, pocos, muy pocos, diría yo, tuvieron la oportunidad de interactuar directamente con él, y acercarse al lado más humano de un hombre que desde mi óptica trató siempre de ser coherente, algo que en pocas palabras se reduce a lo siguiente: actuar conforme a lo que se piensa y dice.

Al profesor Pease lo conocí personalmente hace aproximadamente tres años, fecha en la cual ingresé a la Maestría en Ciencia Política de la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la PUCP (él era su Director). Como corresponde, el profesor Pease tuvo el encargo de darnos la bienvenida a la Escuela, brindándonos una aproximación general acerca de lo que representaba para un profesional cursar estudios de maestría en este campo. Luego, lo tuve como profesor en el curso de Instituciones Políticas, cátedra que él dictaba al lado del joven docente (ahora también mi amigo), Giofianni Peirano.

Hasta ese momento, mi relación con él no era diferente a la de cualquier otro alumno que mira con respeto y admiración al profesor cuyos libros recogen lo más importante de la historia política peruana del siglo XX, una historia de la que él fue también protagonista. Ahora bien, más allá de los apuntes y reflexiones que el profesor Pease pudiera hacernos en clase, lo que más me sorprendía de él era su memoria prodigiosa para recordar fechas, datos, frases, noticias, eventos y nombres. En suma, escucharlo dictar clase era como reconstruir el pasado de la mano de alguien que -como ya dije- fue un actor directo de esa historia política que con paciencia y dedicación él nos trataba de enseñar. Mirar el pasado, para entender el presente y avizorar el futuro, esa era la clave del curso.

Pero mi relación con el Profesor Pease cambió desde el día en que fui elegido Representante Estudiantil de la Maestría ante el Consejo Directivo de la Escuela. Y digo que cambió porque en un espacio más reducido, fuera del salón de clases, pero vinculado a la marcha de nuestra PUCP, pude conocer de cerca al hombre que con tenacidad, coraje y valentía trabajaba sin desmayo a pesar de los problemas de salud que de cuando en cuando lo obligaban a internarse en la Clínica Angloamericana. Como bien lo apunta un amigo y compañero de la Maestría: “nosotros pensábamos que sus entradas y salidas de la clínica eran una suerte de deporte de aventura que él jugaba sabiendo que siempre saldría victorioso”. Pero esta vez ya no fue así, su destino estaba ya marcado, por eso el Profesor Pease ya no está más entre nosotros.

Recuerdo con exactitud aquella vez en la cual todavía adolorido y con malestar nos dijo a todos los miembros del Consejo lo siguiente: “Yo no me imagino mi vida sin la PUCP, por eso les pido que me ayuden a luchar, pues ninguna enfermedad hará que yo adelante mi salida de esta universidad que es mi casa. Desde acá, como profesor y director de la Escuela, yo libraré esta batalla”. Todos nos quedamos mudos, mirándonos los unos a los otros, sin saber qué decir. Al cabo de un par de minutos, fue el profesor Sinesio López quien rompió el silencio: “Henry, todos estamos contigo. Cuentas con nuestro apoyo”, le dijo.

De inmediato, y como era costumbre en el profesor Pease, luego de pedirnos -una vez más- puntualidad -sobre todo a los más jóvenes-, nos leyó la agenda de la sesión, para finalizar diciendo: “tenemos mucho por hacer, y poco tiempo para trabajar, así que de una vez tomemos decisiones y acciones”. Ese era el profesor Pease, un trabajador de 24 horas, un hombre que a sus 69 años nos daba lecciones de compromiso, esfuerzo y dedicación. Me pregunto: ¿qué diferente sería el Perú si quienes dirigen las universidades -privadas y públicas- tuviesen la mitad de la mística del profesor Pease?

La columna continuará la próxima semana.

Abogado PUCP. Cuenta con un Post Grado y estudios de Maestría en Ciencia Política y Gobierno (PUCP). Profesor de Derecho Electoral, Ciencia Política e Historia de las Ideas Políticas en la Facultad de Derecho de la Universidad San Martín de Porres.


Escrito por

Rafael Rodríguez

Estudia, lee, investiga, enseña y escribe sobre Derecho Constitucional, Ciencia Política y Derechos Humanos.


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