defiende el enfoque de género

EL MATRIMONIO IGUALITARIO Y LA FAMILIA EN EL PERU (SEGUNDA PARTE)

Publicado: 2017-03-15

En la columna pasada, demostré que nuestra Constitución no señala que el único modelo de familia que el Estado deba reconocer es el que está relacionado con el matrimonio. En esta oportunidad, corresponde demostrar que el matrimonio igualitario no atenta contra la familia, y tampoco pone en peligro la conservación de la especie humana, como algunos grupos conservadores y religiosos lo vienen sosteniendo maliciosamente. 

La familia y los nuevos tiempos

Al respecto, tomando como referencia lo expuesto en la columna anterior, considero que nuestro Tribunal Constitucional acierta cuando señala que los nuevos tiempos han generado familias con estructuras distintas a la tradicional como son las surgidas de las uniones de hecho, las monoparentales o las denominadas reconstituidas. De hecho, son estas últimas las que han ganado terreno en los últimos años. Como bien lo señaló el Tribunal, se trata de familias ensambladas cuya estructura familiar se origina en el matrimonio o la unión concubinaria de una pareja en la cual uno o ambos de sus integrantes tienen hijos provenientes de una relación previa.

Los nuevos modelos de familia exigen una precisión legislativa

Ahora bien, resulta claro que estos nuevos modelos de familia deben ser desarrollados a nivel legislativo, así lo señaló en su oportunidad María Gonzáles Luna, al afirmar que el Tribunal con sus fallos estaba visibilizando los problemas surgidos a partir de la formación de nuevas familias, ya que si bien sabemos que en el Perú hay muchos hogares distintos a la familia tradicional, las cifras no lo reflejan. Por ejemplo, dice la autora, en los censos hechos por el INEI, no sabemos qué relación de parentesco corresponde a los hijastros, ¿son considerados otros parientes o no parientes? En cualquiera de las dos categorías se mezclan con sujetos que no tienen los mismos derechos y necesidades que ellos.

Por tanto, refiere esta autora, “el Congreso de la República debe incluir de manera expresa a las nuevas familias y los derechos de éstas y de sus miembros en la legislación, tanto en materia civil como penal. En cuanto a la primera, por ejemplo, el artículo 233º del Código Civil señala que la regulación jurídica de la familia tiene por finalidad contribuir a su consolidación y fortalecimiento en armonía con los principios y normas proclamados en la Constitución Política. Por lo que la legislación que se dicte sobre esta materia debe adecuarse a lo señalado por el máximo intérprete de la Constitución”.

El fin de la familia no es la procreación

En esa misma línea, el Tribunal también ha señalado -este es otro acierto-, que la familia no puede concebirse únicamente como una institución en cuyo seno se materialice la dimensión generativa de la especie. La familia es también la unidad encargada de transmitir valores éticos, cívicos y culturales. Es justamente esa unidad la que la convierte en un espacio primordial para el desarrollo integral de cada uno de sus miembros, la transmisión de valores, conocimientos, tradiciones culturales y lugar de encuentro intra e intergeneracional, es pues un agente primordial del desarrollo social, así lo expone el Tribunal, y así debería entenderse el concepto de familia en pleno siglo XXI.

Las personas del mismo sexo tienen todo el derecho a formar una familia

Entonces, ¿pueden las personas del mismo sexo formar una familia? Claro que sí, no solo porque como hemos visto no existe un único modelo de familia (matrimonial) sino porque los nuevos tiempos nos obligan a ampliar el concepto y reconocer nuevas formas de unión (concubinatos, familias ensambladas, reconstituidas, familias de segundas nupcias, etcétera), quedando claro que la familia no tiene como única finalidad la procreación.

En tal sentido, no existe razón alguna para creer que las personas del mismo sexo no puedan formar un hogar familiar, sobre todo cuando se trata de personas que llevan su vida como si fuesen cónyuges, compartiendo intimidad en un contexto de amor, unidos por un fuerte lazo afectivo. De hecho, las parejas homosexuales -al igual que las parejas heterosexuales- también basan su unión en principios de fidelidad, cariño y respeto mutuo. En otras palabras, llevan una vida igual a la que presentan las parejas heterosexuales.

Por tanto, si estas parejas están sujetas a las mismas obligaciones que las parejas heterosexuales, ¿por qué razón no podrían formar una familia al amparo de una Ley que apruebe el matrimonio igualitario? Como podrán darse cuenta, no existe razón constitucional alguna para oponerse al matrimonio igualitario que no sea la homofobia, el machismo, el conservadurismo o el fanatismo religioso.

Los fantasmas inventados

Como habrán podido apreciar, el concepto de familia ha ido cambiando con el paso del tiempo. Eso es algo lógico teniendo en consideración que se trata de un instituto natural sujeto al devenir del espacio y tiempo histórico. Hoy en día el modelo familiar tradicional ya no es el mayoritario, eso no quiere decir que haya entrado en crisis, simplemente que el concepto de familia se ha ampliado y nuevos modelos o tipos familiares surgen producto de factores sociales, económicos y culturales, que ninguna fe o religión está en condiciones de frenar.

Por eso, con el mayor de los respetos, a quienes se oponen al matrimonio igualitario, debo decirles que su oposición es antojadiza y carente de sustento, ellos dicen que el matrimonio igualitario acabará con la familia tradicional, elevando el número de parejas homosexuales y lésbicas, como si una Ley tuviese el poder para determinar la identidad U orientación sexual de las personas. Para ellos, sectores conservadores que basan su postura en el dogmatismo religioso más intolerante, el matrimonio igualitario marcará el inicio del fin de nuestra especie. Sí, así como lo leen, estos sectores creen que “por moda o imitación” las personas -incluyendo a los heterosexuales- optarán por contraer nupcias con personas del mismo sexo. Yo me pregunto: ¿En serio estos peruanos y peruanas creen en semejante estupidez? Espero que no. Quiero creer que no.

A estos sectores habría que decirles que “el modelo de familia tradicional” ya no es el hegemónico, eso no quiere decir que no estén en su derecho de promoverlo y buscarlo como parte de su opción personal de vida, lo que no pueden hacer es imponer su particular visión de las cosas sobre la de los demás, como si todos estuviésemos de acuerdo con ellos, como si todos creyésemos en que Adán y Eva fueron nuestros primeros padres, como si el modelo de familia bíblico instaurado hace más de 2000 mil años no hubiese sido rebasado por la fuerza de la historia.

Alguien dijo que sólo Dios y los idiotas no cambian. Yo no le tengo miedo al cambio, ni al político ni al jurídico, más cuando este cambio busca reconocer derechos y libertades a más personas. Nadie en su sano juicio puede creer que el matrimonio igualitario busca acabar con las uniones heterosexuales. Las parejas heterosexuales se seguirán uniendo en matrimonio si ellas así lo quieren. Eso no dejará de ocurrir. Así que por favor, dejemos de usar mentiras y falsedades. Dejemos de lado los odios que tanto daño le hacen a nuestra convivencia. Dejemos que las personas sean felices ejerciendo su libertad en condiciones de igualdad y sin discriminación de ningún tipo.

Abogado PUCP. Cuenta con un Post Grado y estudios de Maestría en Ciencia Política y Gobierno (PUCP). Profesor de Derecho Electoral, Ciencia Política e Historia de las Ideas Políticas en la Facultad de Derecho de la Universidad San Martín de Porres.


Escrito por

Rafael Rodríguez

Estudia, lee, investiga, enseña y escribe sobre Derecho Constitucional, Ciencia Política y Derechos Humanos.


Publicado en