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EL MATRIMONIO IGUALITARIO Y LA FAMILIA EN EL PERU (PRIMERA PARTE)

Publicado: 2017-03-06

Hace aproximadamente dos meses, luego de que el Séptimo Juzgado Constitucional de Lima, declarara fundada la demanda de amparo interpuesta por el ciudadano Oscar Ugarteche Galarza contra el RENIEC, ordenando que este organismo constitucional “reconozca e inscriba” el matrimonio celebrado entre él y su esposo Fidel Aroche Reyes, celebrado en la ciudad de México, se ha reabierto el debate sobre el matrimonio igualitario en el Perú.  

Al respecto, durante las últimas semanas hemos escuchado decir a una serie de figuras provenientes del sector más conservador (religioso) de nuestra sociedad, que el “único modelo de familia que el Estado reconoce es el que está relacionado con el matrimonio”. Es más, quienes se oponen a la aprobación del matrimonio igualitario usan justamente este argumento para hacernos creer que si una familia no está compuesta por la unión entre un varón y una mujer (para fines básicamente reproductivos) entonces no puede ser considerada como tal. En otras palabras, para estas personas, el matrimonio igualitario debe ser rechazado ya que pone en peligro el “único modelo de familia que el Estado reconoce”.

Como es posible intuir, este argumento es absolutamente falso y carece de todo sustento (desde el sociológico hasta el constitucional). Sin embargo, y dado que las mentiras proferidas por este sector van en aumento, considero necesario reflexionar sobre la relación existente entre el matrimonio igualitario y la familia en el Perú.

Por lo tanto, en esta columna demostraré que “la Constitución no señala que el único modelo de familia que el Estado reconoce es el que está relacionado con el matrimonio”. Luego, en la próxima columna, demostraré que “el matrimonio igualitario no atenta contra la familia, como algunas personas así lo vienen sosteniendo”.

La familia en la historia constitucional de nuestro país

La familia fue consagrada a nivel constitucional (en occidente) recién en la primera mitad del siglo XX, siendo la Constitución de Weimar de 1919 (Alemania) la primera en reconocer expresamente el rol protector del Estado para con la familia. Ahora bien, y como es fácil suponer, en aquellos años (han transcurrido casi 100 años desde ese entonces) se identificaba al matrimonio como la única fuente creadora de familia. Se trataba, como bien lo apunta la doctrina, de un modelo de familia matrimonial, tradicional nuclear, en donde el varón era el cabeza de la familia dedicado a cubrir los gastos familiares y la mujer realizada necesariamente las labores del hogar. Esta manera de concebir a la familia se fue extendiendo a nivel mundial luego de la segunda guerra mundial. Esto también ocurrió en nuestra región en países como Colombia, Chile, Costa Rica, Paraguay y Venezuela.

La familia en los tratados sobre derechos humanos

A su turno, a nivel internacional, la familia también ha sido objeto de reconocimiento y protección. Así por ejemplo, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos se refiere a la familia como “elemento natural y fundamental de la sociedad”, sujeta a la protección del Estado y la sociedad. Del mismo modo, la Convención Americana de Derechos Humanos establece que la familia debe ser protegida por el Estado y la sociedad.

La Familia en la Constitución histórica del Perú

Pero ya hablando específicamente de nuestro país, nuestra historia republicana nos dice que fue la Constitución de 1933 la que por primera vez reconoció expresamente la tutela de la familia. Esta Constitución señaló en su momento que “el matrimonio, la familia y la maternidad estaban bajo la protección de la ley”. Luego, la Constitución de 1979, conceptualizó a la familia como una “sociedad natural y una institución fundamental de la Nación”. Así llegamos a la Constitución de 1993, norma fundamental vigente que reconoce a la familia como un instituto “natural y fundamental de la sociedad”.

La familia en la Constitución Política de 1993

Como podemos apreciar, y más allá de la vocación tutelar puesta de manifiesto en nuestras Constituciones desde el año 1933, queda claro que el texto constitucional no establece o define un concepto único de familia. ¿Puede ser este un olvido del constituyente? No, lo que ocurre es que la Constitución no pretendió jamás reconocer un modelo específico de familia por lo complejo que resulta definir a una institución “natural” como ésta, siempre sujeta al devenir histórico de los nuevos tiempos. Es por eso que, como bien lo señaló nuestro Tribunal Constitucional (Sentencia 06572-2006-PA/TC), el instituto de la familia no debe relacionarse necesariamente con el matrimonio, como ocurría con el Código Civil de 1936, que establecía una inconstitucional diferencia entre los hijos “legítimos” y “no legítimos”, por ejemplo.

La familia como institución natural

Entonces, sostener que la familia es una institución natural (no impertérrita) supone reconocer su carácter ético y social, es decir, la familia se encuentra inevitablemente a merced de los nuevos tiempos, así lo ha expuesto correctamente la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en un informe del año 1990, al reconocer la amplitud del concepto de familia, además de sus diversos tipos. En este mismo documento, la Comisión subrayó la naturaleza dinámica de la familia al afirmar que hechos como la inclusión social y laboral de la mujer, la regulación del divorcio y su alto grado de incidencia, las migraciones hacia las ciudades, entre otros aspectos, han significado un cambio profundo (quiebre) en la estructura de la familia tradicional nuclear, conformada alrededor de la figura del “pater familias”.

Es más, producto de estos cambios, en la actualidad se han generado familias con estructuras distintas a la tradicional como aquellas surgidas de las uniones de hecho, las monoparentales o las que la doctrina denomina familias reconstituidas. Todas ellas son familias que no encajan dentro del modelo tradicional, pero que igualmente y gracias a su unidad se convierten en un espacio fundamental para el desarrollo integral de cada uno de sus miembros, encargándose de la transmisión de valores, conocimientos y tradiciones culturales. En suma, como lo señala el Tribunal Constitucional, todas estas familias, sin distinción alguna, son un agente primordial del desarrollo social.

Finalmente, citando al propio Tribunal Constitucional, queda claro que, sin importar el tipo de familia ante la que se esté, ésta será merecedora de protección frente a las injerencias que puedan surgir del Estado y de la sociedad. Por tanto, no puede argumentarse que el Estado solo tutela a la familia matrimonial, tomando en cuenta que existe una gran cantidad de familias extramatrimoniales. Además, el instituto familia trasciende al del matrimonio, ya que incluso puede darse la situación de que extinguido dicho vínculo, la familia persista.

• Abogado PUCP. Cuenta con un Post Grado y estudios de Maestría en Ciencia Política y Gobierno (PUCP). Profesor de Derecho Electoral, Ciencia Política e Historia de las Ideas Políticas en la Facultad de Derecho de la Universidad San Martín de Porres.


Escrito por

Rafael Rodríguez

Estudia, lee, investiga, enseña y escribe sobre Derecho Constitucional, Ciencia Política y Derechos Humanos.


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